Transformar un local utilizado por una asociación fallera en un lugar de trabajo en una semana y con
un presupuesto mínimo.
Nos encontramos con unas paredes revestidas con una baldosa cerámica en tonos amarillos y azules.
Un falso techo a distintas alturas que ocultaba la altura total del espacio.
Unos vidrios esmerilados de color ocre no dejaban ver qué pasaba en el interior de este local.
Se derribó el falso techo de escayola, descubriendo una altura de 4 metros. Visualmente se ganaba
amplitud gracias al incremento de altura.
Se realizó un trasdosado en las paredes con unas planchas de pladur que pintamos de blanco. Estas
planchas no llegaban a tocar el techo ni el suelo, de manera que se genera un oscuro que permite
identificar los planos originales de los superpuestos.
Como rodapié unos listones de pino cepillado, el color de la madera rompe las tonalidades frías del
blanco de las paredes y el techo y el gris del pavimento.
Se reviste el pavimento existente (baldosas porcelánicas de superficie rugosa en tonos rojizos y crudos)
con un mortero autonivelante.
Los vidrios de color ocre se sustituyen por unos transparentes, ganando iluminación natural y contacto
con el exterior.
La zona posterior del local se oculta tras una cortina de algodón blanco, el textil como fondo del
espacio suaviza y rompe con la tersura de las superficies, creando un espacio más amable.
La iluminación se resuelve con tres puntos de luz, como luminaria un portalámparas dorado y unas
bombillas tipo globo.
La mesa está formada por un tablero de puerta de DM, con unas dimensiones que permiten trabajar
y también tener una reunión.